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lunes, 14 de agosto de 2017

Un rico entretenimiento

Proponerle a los peques que participen en la elaboración de algún plato sencillo de preparar nos sirve, por un lado, para repasar con ellos vocabulario (los nombres de los ingredientes, por ejemplo, o los colores que tienen) o las partes de un discurso (primero se echa esto, después añadimos eso, a continuación...) y, por otro, al hacerles partícipes en el proceso, al convertirse este en parte de algo suyo, luego ponen más interés en comérselo.



En esta ocasión comparto mi experiencia preparando una ensalada de garbanzos, ideal para días de calor, pues se conserva fresquita en el frigo antes de ser tomada. Es una manera de tomar legumbres en verano, desde luego.

Por si os animáis, ahí va la receta:

Ingredientes (salen unas seis raciones)
-1 tarro/bote de garbanzos de 400 o 500 gr
-Medio pimiento verde
-Medio pimiento amarillo
-Medio pimiento rojo
-2 zanahorias
-1 lata pequeña de atún en su jugo
-1 lata pequeña de maíz
-1 lata pequeña de aceitunas (negras o rellenas, es igual; en cualquier caso, sin hueso)
-1 tomate hermoso
-1 cebolla pequeña (si hay cebolleta, mejor)

Para el aliño:
-Media cucharadita de comino molino
-Media cucharadita de pimentón dulce
-Sal
-Aceite de oliva
-Vinagre de vino

Modo de elaboración:
1. Se lavan, limpian y trocean (en trocitos muy pequeños) todos los ingredientes.
2. Se enguagan los garbanzos con abundante agua, para que no le queden restos de ese líquido gelatinoso en el que vienen conservados. Se ponen a escurrir.
3. Se mezclan en un bol hermoso todos los ingredientes.
4. Con los aliños propuestos, se adereza el conjunto según el gusto e intensidad de sabores que prefiera cada cual. 
5. Se conserva en el frigo durante una hora ¡y a comer!


miércoles, 7 de junio de 2017

Aperitivo en días de calor

Cuando aprieta el calor, tengo siempre en la nevera boles con fruta partida y los saco a lo largo del día para que los peques -y no tan peques- piquen/piquemos. Parto sandía y melón en cuadraditos. También corto en tiras el pimiento y el pepino.
 

Si nos vamos a un parque infantil, meto las frutas en táperes y lo guardo todo en una bolsa que mantiene el frío, junto a enfriadores que mantengo de normal en el congelador. Así, al comer la fruta, está fresquita y se convierte en un aperitivo que apetece en cualquier momento. Lo ideal sería portarla en una nevera, rígida o de tela, pero la bolsa se puede acomodar con facilidad en cualquier mochila y en el carrito de bebé/silla infantil de paseo. 
 
©María Ortiz
 

También suelo llevar fresas o fresones en su correspondiente táper. Les doy unos buenos lavados, les quito el rabito verde y procuro dejar las unidades completas, porque, si se trocean, sueltan mucho jugo, que puede derramarse y mojarlo todo.
 
Las tortas secas de maíz combinan bien con la fruta fresca y, como a los peques les resultan fáciles de agarrar, también son una buena opción como algo para picar cuando estamos fuera de casa.
 
 

jueves, 15 de septiembre de 2016

¿Cosas de niños?

No señoras, no señores. Que un crío que apenas levanta un metro del suelo y casi no atina a engarzar dos frases seguidas, tenga la mano larga y caliente a todo quisque, adulto o menor, ya sea en el patio del parvulario, en un salón de bodas o en el parque infantil, no tiene amparo alguno bajo el epígrafe de "Son cosas de niños".

Como tampoco "son cosas de niños" cuando les hacen ascos de forma sistemática a la comida que se les sirve en casa, insultan a éste o aquel de manera reiterada, no agradecen los regalos que reciben o cuando estallan de furia cuando se apaga el televisor o no se les permite trastear con el móvil de papá o mamá.

Hay padres y madres que no sólo continuamente quitan hierro a comportamientos de este estilo que siguen sus hijos, sino que incluso les ríen la gracia cuando hacen alguna trastada o saltan con una salida de tono impropia en todo punto. Flaco favor les hacen al criarlos en un contexto donde todo vale en el que estas "pequeñas fieras" ven reforzadas sus posiciones y cuando se quieran dar tiempo ya será demasiado tarde para apercibirlos. Y de aquellos polvos, estos lodos. 

Cada cual conoce a su hijo. Cada cual tiene su manera de educar. Pero en cualquier caso hay unos principios mínimos de convivencia que se deben aplicar, unos valores comunes que se deben respetar puesto que vivimos en sociedad y estamos obligados a compartir espacio con otras personas.

Criar en el respeto por uno mismo y para con los demás, en el juego constructivo, en la diversión sana, en el agradecimiento, son pautas que bien podrían engrosar ese listado de "deber ser/deber hacer" que, como he dicho anteriormente, cada cual tendrá que elaborar según le dicte no ya sólo su conciencia, su referencia cultural o el tan traído y llevado sentido común -tela marinera lo que algunos entienden por esto-, sino sobre todo teniendo en cuenta al otro -ya lo he apuntado: no vivimos solos en la Tierra- y lo de "no hacerle a los demás lo que no quieres que te hagan".

A partir de ahí, cada cual sabrá dónde poner el límite que distingue la travesura de la gamberrada, el abuso o la ofensa. Hay mucho publicado al respecto, hay grandes profesionales que tratan este asunto, que para nada es cosa de niños. Es tan importante la manera en la que nuestros hijos van formando su personalidad durante su infancia que una mala evolución puede marcarles de por vida.




(c)www.pixabay.com


miércoles, 10 de agosto de 2016

Adivina quién... (técnica ante críos malos comedores)

Si tu hijo es mal comedor y se eterniza a la hora de comer, quizás este truco pueda serte de utilidad.

Prueba a jugar al "¿quién se esconde bajo la comida?". Para eso necesitas tener varios modelos de platos de esos de plástico duro de los que venden para bebés. Para que funcione esto que planteo, deben estar decorados con algún motivo (flores, animales, muñecos, vehículos...).

Tendrás que echar la comida en el plato de manera que tape el dibujito que haya y deberás ir retirando la comida con la cuchara, de tal forma que las últimas cucharadas sean las que descubran el motivo central y, así, mantener hasta el final la intriga. Durante todo este rato, se le van haciendo al crío preguntas. Incluso hasta cabe inventarse una historia sobre la tarea que nos ocupa.

A mi me funciona cuando mi peque se pone remolón. Le voy generando intriga y así va pasando el rato.

Paso 1: Cubrir el motivo central con la comida.

Paso 2: Ir retirando la comida, en dirección de fuera hacia dentro,
de manera que el motivo central sea lo último que quede al
descubierto.

Paso 3: Motivo descubierto,
¡objetivo conseguido!



miércoles, 8 de junio de 2016

El bolso de Mary Poppins

¿Recordáis la cara de asombro de los niños cuando veían cómo su nueva niñera, Mary Poppins, sacaba y sacaba cosas y más cosas de su no demasiado amplia bolsa de viaje? Que si una lámpara, que si una planta...

Seguro que vosotros también podéis dejar con la boca abierta a quien os observe sacar esto, eso y aquello de vuestro bolso y mochila, cualquier cosita con tal de mantener al crío entretenido en especial en periodos de espera más o menos duraderos. Ya sabemos que la paciencia no es virtud con la que se nace, sino que hay que ir cultivándola con los años, y que precisamente nuestros niños no están de ella sobrados. 

Dicho lo cual... para  combatir el aburrimiento no vendría nada mal tener siempre a mano: 

  • Pequeños libros ilustrados a partir de los cuales poder invertarse sobre la marcha distintas historias.
  • Puzles versátiles de no muchas piezas.
  • Marionetas de dedo.
  • Álbum de fotos 10x15 cm.
  • Algo para picar (frutos secos, barritas de cereales, plátanos, mandarinas, macedonia de frutas en fiambrerilla que abulte poco, zumos, batidos, cantimplora de agua).
  • Libreta A6 y lápices de colores pequeños.
  • Juegos de cartas para niños.
  • Juegos de memoria (ligeros de transportar).
  • Como último recurso, llevar guardados en el teléfono móvil capítulos de dibujos animados. Lo uso cuando el resto de opciones están ya superamortizadas. 



©www.pixabay.com


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jueves, 14 de abril de 2016

Lavarse las manos, básico para prevenir enfermedades

El dicho de "más vale prevenir que curar" tendría que cambiarse por "más vale lavarse las manos con frecuencia que curar", porque raro es el día en el que no sale un nuevo estudio científico que respalde la importancia de mantener aseadas las manos, en particular las de los más peques, pues con este sencillo hábito se puede evitar contraer enfermedades diarreicas, respiratorias, pillar parásitos intestinales o afecciones en los ojos, entre otras dolencias.

Con mis hijos tengo establecidas una serie de circunstancias en las que es imprescindible lavarse con agua y jabón y secarse a posteriori bien las manos con la toalla, y son:

  • Cuando se llega a casa, pues en la calle, en los transportes públicos, en la guarde, en el parque... uno toca y coge muchos objetos y se relaciona con muchas personas.
  • Antes de comer -y a menudo también después-.
  • Después de jugar con los perros.
  • Después de coger herramientas y útiles que se emplean para los cuidados de las plantas del balcón.
  • Después de pintar con los colores o hacer cualquier tipo de manualidades.  
  • Antes de poner la mesa o manipular alimentos. 
Además, lo bueno que desde pequeñitos incorporen esta costumbre a su rutina es que lo harán sin más cuando sean más mayores.

©www.pixabay.com


miércoles, 13 de enero de 2016

La manzana es cosa sana

Ya lo dice el dicho: la manzana es cosa sana. Y, además de ser el aperitivo perfecto para picar entre comidas, ir dándole mordisquitos hasta acabar con ella entretiene de lo lindo a nuestros peques, a la vez que les calma las molestias que tienen cuando están echando los dientes. 



viernes, 25 de septiembre de 2015

Las segundas cucharadas

A partir del sexto mes empecé con las papillas de cereales (arroz, trigo, avena...). Algunas están enriquecidas con miel. Comencé con las sin leche y mes, mes y medio después, les daba a mis niños papillas que ya incluían leche. Hay quien se las da de cena y otros de desayuno. Haced como veáis que vuestros bebés prefieren.

Un pelín después empecé ya con los triturados de fruta. Procedí de igual manera a como hice con las primeras cucharadas de verduras: los primeros potitos que les daba eran los que contenían una única fruta y fui probando con distintos para ir viendo qué fruta les sentaba bien. Por ejemplo, en el caso de mi niña, al principio la manzana no le iba bien, pues le daba muchos gases. El melocotón, la pera, el albaricoque y el plátano fueron unos comienzos muy buenos para ella. Eso tenéis que ir viéndolo vosotros. Cuando comprobéis qué sabores prefieren vuestros peques y qué frutas les sientan bien, entonces ya podéis ir dándole los potitos que incluyen frutas variadas o bien preparar vosotros mismos en casa la macedonia triturada. 

Desde el octavo mes comencé a darles papillas de pescado con verduras y desde el décimo mes, yogur.





martes, 11 de agosto de 2015

¡Esas comidas! ¡Ay!

Hay comidas que nuestros niños tienen atravesadas. Pero esto no es ninguna rareza de la niñez. A los adultos también nos pasa que hay platos que, por muy bien cocinados que estén, hasta el mero olor nos causa unas náuseas increíbles. 

Mi hija mayor come bastante bien. Hay pocas cosas que no le gustan y creo saber por qué no: tiene bastante que ver en el rechazo que siente hacia estas comidas el hecho de que las asocie de alguna manera con haberlas tomado estando enferma. Asocia tener el cuerpo revuelto con ciertos sabores. Muy claro es el ejemplo de la tortilla de jamón york y queso, que se la comía de maravilla hasta que un día se la preparamos y eso no eran arcadas, sino lo siguiente: estaba en pleno resfriado. Aún hoy no ya este tipo de tortilla, sino cualquier otra tortilla le deberá recordar aquellos días en los que estuvo pachucha, el caso es que le cuesta comérselas, al igual que el queso fundido, que es furor para muchos niños, y ella sin embargo no lo soporta. 

Tampoco le gusta el yogur con trocitos de fruta ni los picatostes en las cremas de verduras, es decir, comidas/alimentos trituradas/os que incluyen tropezones. Esto creo que sucede por la textura, que puede le recuerde a la del vómito.  

La experiencia me ha dicho que lo mejor ante estos casos es no insistir. Si a la criatura no le gusta esto o lo otro, pues no se le prepara y punto. Es mucho más lo que le gusta que lo que no. Probablemente con el paso del tiempo no asocie tal comida o alimento con tal o cual mal rato pasado y vuelva a comer aquello que hoy por hoy odia. 




martes, 2 de junio de 2015

Las primeras cucharadas

Recuerdo que el asunto este de empezar con la comida me generó cierto estrés en su momento. Hay demasiada información en Internet, en muchas ocasiones contradictoria entre sí. No hay ciencia cierta al respecto. Cada cual hace de su capa un sayo. Guíate por el sentido común, por tu intuición y por las recomendaciones que te haga el pediatra y tu matrona y entonces podrás crearte tu planning propio de introducción paulatina a la alimentación normalizada para tu bebé. Ahí queda mi primer consejo. 

El segundo, que tienes que armarte de paciencia y entender que es un proceso gradual. Hay que ir poco a poco. El bebé tiene que adaptarse a nuevos sabores, distintas texturas y una nueva manera de ingerir alimento. Es un cambio muy brusco. Así que tranquila, tranquilo. Es cuestión de tiempo. Todo llega. 

Dicho esto, comparto a continuación lo que yo he hecho con mis hijos, por si te sirve de orientación. Yo empecé con las primeras cucharadillas de potito de verdura de un solo tipo a partir del quinto mes. Se las daba siempre a mediodía. Aquí en Alemania recomiendan comenzar con verduras, porque la teoría que sostienen los pediatras de aquí es que, si se empieza por las frutas, como son dulcecillas, el bebé "se engalocha" y luego las verduras le parecen sosas y amargas y no las quiere comer. 

Yo empecé con la zanahoria. Luego seguí con unas raíces que se llaman "Pastinake" ("chirivías", en español) y con calabaza. Compraba potitos pequeños que contienen solo una verdura y calentaba unas pocas cucharaditas (lo equivalente a seis cucharaditas, más o menos). Cuando veía que el bebé se las empezaba a comer con gusto, iba aumentando la cantidad, hasta darle el tarrito entero. Al principio, le daba el puré días sueltos, hasta ir generando poco a poco el hábito diario. 

Luego fui combinando las verduras con patata: zanahoria y patata, Pastinake y patata, calabaza y patata. De esa manera, podemos detectar posibles alergias e intolerancias o simplemente saber los gustos y preferencias de nuestro peque. Al de zanahoria y patata le añadía unas gotitas de aceite de oliva: según mi matrona, el aceite ayuda a que las propiedades de la zanahoria se fijen más. 

Cuando el bebé se toma los potitos de varias verduras enteros, entonces ya es hora de ir dándole los de verduras y carne.


miércoles, 20 de mayo de 2015

Mejor no tomar en la lactancia

Circulan en Internet listados de alimentos cuya ingesta no es recomendable durante la lactancia. Los que yo no he tomado mientras he estado dando el pecho, siguiendo indicaciones del pediatra y de mi matrona, son:

  • Infusiones de salvia o de menta poleo. No las he tomado porque, al parecer, inhiben la leche.
  • Café con cafeína y té negro.
  • Pescados con alto contenido en mercurio. Más información aquí.
  • Perejil.
  • Espárragos blancos.
  • Picante.
No obstante y, como siempre indico, si tienes dudas al respecto, consúltalo con tus especialistas.



lunes, 20 de abril de 2015

Calambres nocturnos

Hacia el final del segundo trimestre de ambos embarazos, algunas noches me daban calambres en las piernas. Al parecer, sucede por falta de magnesio. Mi matrona me recomendó incluir en mi dieta garbanzos, brotes de soja, alcachofas, maíz y frutos secos, que tienen bastante magnesio, así como tomar productos con calcio, presente en el pescado, la leche y productos integrales, entre otros. Pese a que me esmeré por tener en cuenta estos alimentos, siguieron dándome calambres, si bien es cierto que no de manera tan frecuente.

También hay pastillas de magnesio, aunque quien mejor puede aconsejarte sobre esto es tu ginecólogo. Consúltaselo.


miércoles, 1 de abril de 2015

Qué comer (y no) durante el embarazo


  • Tomar pescado fresco al menos dos veces por semana. Es importante consultar con la autoridad sanitaria qué pescados es preferible no tomar durante el embarazo, por contener niveles altos de mercurio. En este enlace del Ministerio español de Sanidad puedes encontrar más información al respecto. 
  • No tomar ni carne ni pescado crudos. Productos ahumados, tampoco.
  • Evitar el alcohol, el tabaco, el té negro y el café con cafeína.
  • Controlar el consumo de hidratos y dulces. Cuidado con caramelos y chicles con azúcar; no hay que abusar de ellos. Se debe controlar también la ingesta de fruta especialmente dulce (melón, pera, albaricoque...).
  • Nada de grasas.
  • La leche  y el queso deberán estar pasteurizados.
  • Evitar las bebidas azucaradas carbonatadas.
  • Precaución con los huevos. Deben estar bien hechos. En verano, evitar tomar salsas con huevo (minimiza el riesgo de contraer salmonelosis). 



jueves, 19 de febrero de 2015

Cuando todo da asco

Mi segundo embarazo comenzó con unas náuseas muy intensas que se extendían durante prácticamente todo el día. Nunca llegaba a vomitar, pero tener continuamente la sensación de cuerpo revuelto era muy desagradable. 

Cualquier olor fuerte era mal recibido. Ni decir que era la primera de la casa en saber si algo se estaba echando a perder en el frigo, si mi hija se había hecho caca o si era hora de bajar la basura al contenedor. Pasar junto a un puesto de kebab o salchichas o entrar mismamente a una carnicería o una pescadería, me provocaba unas arcadas terribles. 

Consulté en libros pediátricos y en ellos defendían que era un malestar normal durante el primer trimestre del embarazo, que el cuerpo necesita acostumbrarse a su nuevo estado. Pero, claro, como en mi primer embarazo estuve estupenda de inicio a fin, en esta nueva situación me sentía rara, rarísima.

En libros y revistas leí diferentes consejos para aplacar esta incomodísima sensación. De todos, a mí me ha funcionado tomar infusiones de manzanilla y de hinojo. De higos a brevas me tomaba alguna infusión de jengibre, de las que, por cierto, no conviene abusar durante el embarazo, porque el jengibre acelera las contracciones. Acompañando a las infusiones, me tomaba bien a gusto una tostada de aceite con un pelín de sal. En cualquier caso, consultadlo con la matrona o médico/a que esté haciendo el seguimiento de vuestro embarazo.

También resultó ser buen remedio tener en la mesita de noche un botellín de agua y unas galletillas saladas o frutos secos. Al despertarse, nada de levantarse inmediatamente. Más bien, me iba incorporando poco a poco, me recostaba en la cama, tomaba algunas galletillas y daba traguitos de agua. Así el cuerpo se me iba entonando.

Muy importante para evitar que un olor se quede estancado en una habitación es tenerla bien ventilada.