jueves, 9 de febrero de 2017

Mi hijo no quiere hablar más mi idioma

"Mi hijo no quiere hablar más mi idioma", ha salido por la boca de madres a las que conozco. Sus hijos, criados en países con una lengua distinta a la de sus progenitores, no sienten interés por hablar sus idiomas. En el libro de Steiner y Hayes sobre el bilingüismo del que extraigo los consejos y orientaciones en esta materia que comparto con vosotros, se dan tres consejos cuando los padres y madres se encuentran ante esta situación:
  • Redirige al niño/a poco a poco hacia tu idioma.
  • Teatraliza, pon énfasis en tu idioma cuando lo estés hablando en su presencia.
  • No te desanimes si hay gente a tu alrededor que desaprueba la educación multilingüe. Sigue adelante con tu plan.

Mecanismos para animar al peque a hablar tu idioma:
  • Aprovecha cuando tu hijo se interese por algo y te pregunte en tu lengua al respecto. A los niños les gusta hablar sobre lo que les interesa. Habla sobre ello con largas descripciones. Les sirve para hacer oído y aumentar vocabulario. A esto ayuda también que, en su presencia, describas lo que estés haciendo/viendo/oyendo en el momento.
  • Cuando pide algo en tu idioma y no se entiende lo que pide, insiste en que lo exprese y formule en ese idioma, que lo intente con otras palabras o ejemplos.
  • Préstale atención mientras habla, aunque se tome su tiempo en rematar una frase y/o explicación. Paciencia, ante todo.
(c) www.pixabay.com

Fuente: Naomi Steiner, M.D., with Susan L. Hayes, "7 Steps to Raising a bilingual child".
AMACOM. 2009.


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viernes, 27 de enero de 2017

Stop presiones

Se ha creado una mística en torno a la lactancia que ha acabado yendo en contra de las propias madres -en teoría, las grandes beneficiadas-, que tienen en ello otro frente más de presión -como si tuvieran que lidiar con poco...-. 

A mucha gente que se dice especialista en la materia le resulta inconcebible que una mujer opte por no amamantar a su bebé, sino alimentarle con leche de fórmula. Para estos, esto nunca puede ser algo que voluntariamente elija una madre. No, no. Eso tiene que ser por algo. Eso es porque hay algo en la biografía de las mujeres que deciden esto que lo ha impedido, dicen, y se quedan tan anchos. Que si no les enseñaron bien a colocarse el bebé, que si en el parto algo no fue "como debió marchar", que si los médicos que guiaron el embarazo no tuvieron en cuenta sus sensaciones, que si no se embadurnaron con suficiente aceite el cuerpo durante el embarazo... la enumeración de que si 's es tan larga como tiempo por delante tenga quien está intentando buscar una razón que explique lo que para ellos es inexplicable, o sea, que no se le dé el pecho a un bebé. No se dan cuenta de que indirectamente están descargando sobre la madre una serie de sentimientos malísimos: que si de culpa, que si de frustración, que si de ineptitud... la enumeración de que si 's es tan larga como débil se encuentre la mujer en esa cuesta arriba, de mayor o menor pendiente, que es el posparto.

En vez de tanto catecismo laico sobre la lactancia, todos estos "piquitos de oro" bien podrían ser más diligentes y exponer muchísimo antes de cuando lo hacen toda esa retahíla de que si 's que enumeran a toro pasado. Saber con antelación no solo sobre la parte hermosa de la lactancia, sino también sobre la dureza física y emocional que trae consigo, ayudaría mucho a las futuras mamás, tanto a las que deciden desde un inicio no dar el pecho, como las que lo intentan y no resulta o las que amamantan y durante la lactancia tienen molestias, ya sean las habituales, ya sean problemas más serios. Saber más sobre la lactancia, en su conjunto, serviría, sobre todo, para quitar presiones y culpas, algo que sencillamente no se puede consentir. 

Por tanto, a todos esos que se llenan la boca con loas etéreas y que carecen del más mínimo sentido de la realidad se les podría pedir, como poco, que cuenten lo que no suelen contar para no romper el encanto de lo que venden. No se trata de componer un cuento de hadas. Lo que tienen entre manos es otra cosa bien distinta. 

Y tú, mamá, no te dejes amedrentar por estos argumentarios. Infórmate, pide una segunda, tercera opinión, todas las que hagan falta sobre qué es lo que os conviene a tu bebé y a ti, en función de vuestras circunstancias concretas. 




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sábado, 7 de enero de 2017

Remedios caseros ante el "empacho" de juguetes

Después de las Navidades no solo nos lamentamos por los excesos cometidos con la comida y la bebida, sino que observamos con preocupación cómo nuestros peques padecen las consecuencias de auténticos "atracones" de juguetes. Se ven con demasiadas cosas recién regaladas y les cuesta "digerir" la nueva situación. Les resulta complicado no solo dar gracias por lo recibido -uno da las gracias por algo cuando valora el cariño, el esfuerzo y la atención puesta en el regalo por quien regala, algo que es muy difícil que se produzca cuando vienen tantos regalos de diferentes personas en tan breve espacio de tiempo-, sino también incorporar todo lo nuevo a su "antigua" rutina de juego y, por extensión, disfrutar, en definitiva, con sus nuevos artículos. No hay tiempo para sacarle todo el jugo al hecho del regalo debido a tamaña cantidad de obsequios cosechada en tan pocos días. 

Para amortiguar el hartazgo por empacho quizás os pueda ser de utilidad aplicar estas técnicas:

  • Guardar parte de los juguetes nuevos y algunos viejos. En concreto, esconder algunos juguetes "viejos" por los que los niños no sienten interés dado el "desembarco" de los nuevos y sacarlos pasado un tiempo genera curiosas situaciones; incluso pueden llegar a convertirse de repente en sus juguetes favoritos. Salvando las distancias es como cuando retomamos la lectura de un libro que se nos atragantó en cierto momento y que acaba resultando ser uno de nuestros favoritos.
  • Hacer rotar los juguetes que están a disposición ayuda a los niños, además, a ser conscientes de lo mucho que tienen... y a valorar.
  • Jugar al "sanatorio de juguetes". ¿Por qué tirar la muñeca a la que le falta una pierna o le falla el carrusel de sonidos? ¿Por qué deshacernos del puzle que no puede completarse por faltar piezas que se han extraviado? ¿Por qué mandar al reciclaje ese libro con las tapas medio rotas? Se les puede encontrar una solución. Montar con los peques un "sanatorio de juguetes, libros y demás" es una manera gráfica de hacerles conscientes de que hay que cuidar las cosas que se tienen y que incluso pese a la mella del uso o del tiempo pasado y a la tentación de desecharlos por la llegada de los nuevos, siguen teniendo su aquel y ejerciendo su función de ocasión para el entretenimiento y la diversión.
  • Juguete que entra, juguete que sale. El espacio en las casas es el que es. Puede resultar también constructivo acordar con los peques prestar o donar parte de esos juguetes guardados con los que no se juega casi nunca, pues tal vez otros puedan sacarle el provecho que ellos no han logrado, y así dejar sitio para lo nuevo recibido. 

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lunes, 28 de noviembre de 2016

Vigilantes

Desde el minuto uno de quedarse embarazada se suceden en el cuerpo de la mujer una serie de cambios hormonales que acompañan las continuas transformaciones que se experimentan durante los meses de formación del bebé, así como durante el alumbramiento en sí, y que prosiguen en el posparto y el periodo de la lactancia. 

Sin embargo, esas alteraciones no cesan con la última toma y por ello hay que estar en todo momento vigilantes e informar al médico especialista que esté llevando nuestro historial ginecológico de cualquier situación anímica, física o emocional que consideremos esté incidiendo negativamente en nuestro día a día. Tal vez en este malestar tenga mucho que ver esa sucesión de cambios profundísimos a todos los niveles a los que me acabo de referir y si estos no son valorados o considerados en la medida oportuna, el diagnóstico y el consiguiente tratamiento puede que no lleguen a acertar del todo.

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lunes, 21 de noviembre de 2016

Palabras mágicas

Hay palabras mágicas, en cuanto a que facilitan el entendimiento, mejoran las relaciones entre unos y otros y cuyo uso nos permite recordar que, ante todo, somos animales sociales, seres que se desarrollan plenamente viviendo en sociedad, obligados a movernos en un mismo entorno junto a otros congéneres y para lo que es más que útil la educación, el respeto y la diplomacia. 

Si desde pequeñines nuestros niños y niñas crecen dando las gracias cuando reciben ayuda o un regalo o un mimo o una sonrisa o un consejo, entre otras cosas buenas, y si se les enseña que hay que pedir las cosas por favor, que disculparse cuando hayan lastimado sin voluntad a alguien, que pedir perdón y que saludar cuando uno se cruza con alguien en el portal o cuando recién se llega a la guardería o al colegio, sin duda que estaremos haciendo mucho para que nuestros hijos, con su comportamiento, con su testimonio sigan dejando claro lo que somos y lo que nos distingue y debe distinguirnos de otros seres animados.


"¡Gracias!"- De nada
Por favor
Perdón, ¡lo siento!

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